Un iraquí asilado en Londres ordenó el asesinato de su hija por un 'delito de honor'.
Londres, la ciudad más cosmopolita del mundo, puede ser una sociedad tan cerrada como la de Bagdad o Lahore para una chica de una cultura con un sentido diferente de las libertades individuales, los derechos humanos y las relaciones hombre-mujer.
El futuro parecía sonreír a Banaz Mahmoud, una joven iraquí de origen kurdo, cuando toda su familia consiguió huir de la dictadura de Sadam Husein para instalarse en el sur de Londres tras obtener el asilo político. Pero el destino tiene trampas y recovecos inescrutables, y su fortuna se convirtió en tragedia cuando su propio padre ordenó matarla por un delito de honor.
Banaz llegó a Inglaterra con diez años, y al cumplir los veinte se había hecho a las costumbres occidentales y no quería saber nada de matrimonios apañados o novios obligados a contar con el beneplácito familiar. Máxime después de que su primer marido, impuesto por su padre cuando apenas era una adolescente, la pegó y violó antes de que la muchacha desafiara las normas establecidas y decidiera abandonarlo. Pero como comprueban diariamente miles de mujeres africanas y asiáticas que residen en el Reino Unido y son objeto de todo tipo de abusos físicos y mentales por parte de sus maridos y familias, vivir en un país libre no necesariamente significa ser libre. Banaz pagó el precio más caro posible por la rebeldía de salir con el chico que quería y besarlo en público.
Londres puede ser la ciudad más cosmopolita del mundo, pero barrios del sur del Támesis como Micham, donde vivía la familia Mahmoud, pueden resultar sociedades tan cerradas como las de Bagdad o Lahore, si la protagonista de la historia es una chica de otra cultura. La perdición de Banaz fue que el beso que dio a su novio - Rahmat Sulemani, un antiguo amigo de la familia nueve años mayor que ella- fue captado por espías de su padre con un móvil.
A Banaz la traicionó su propia familia, pero también la policía británica, a la que acudió cuatro veces expresando el temor por su vida y pidiendo protección sin que sus miedos fueran tomados en serio. Los agentes de Scotland Yard -objeto de una investigación interna por posible negligencia- pensaron que se trataba de una histérica, otra falsa alarma en el mundo complicado y a veces siniestro de las familias procedentes de Oriente Medio y el subcontinente asiático que se debaten entre la modernidad y la tradición, pulso que muchas veces acaba en tragedia.
Aquel beso inmortalizado por un móvil desencadenó una serie de acontecimientos macabros. La muchacha logró escapar la primera vez que su padre intentó matarla a golpes la noche de fin de año del 2005, después de obligarla a ir a casa de su abuela y beber una botella entera de brandy, en contra de sus creencias religiosas. En su huida rompió el cristal de una ventana y se presentó ensangrentada a un hospital, donde su novio Rahmat grabó su testimonio. Para la policía, sin embargo, no fue suficiente.
La suerte estaba echada. Veintidós días más tarde matones kurdos contratados por su tío intentaron sin éxito secuestrar a Rahmat pero dejaron un mensaje inequívoco en su casa: "Vamos a matarte a ti y a Banaz, porque somos kurdos y musulmanes, no como los estúpidos e inmorales ingleses que permiten que un chico y una chica sean novios". La víctima acudió a la comisaría de policía más cercana, donde la historia cayó una vez más en saco roto.
Los agentes de Scotland Yard finalmente ofrecieron a Banaz la posibilidad de instalarla en un vivienda lejos de su familia "mientras las cosas se calmaban", pero ella rechazó el ofrecimiento no se sabe muy bien por qué, con la excusa de que su madre la protegería. Pero incluso la persona que le había dado la vida conspiró en la hora de su muerte. La mañana del 24 de enero del 2006 la dejó sola en casa siguiendo instrucciones de su marido, preparando el terreno para que unos matones a sueldo la mataran y descuartizaran. Los pedazos descompuestos de su cuerpo aparecen meses más tarde en Birmingham.
Mahmad Mahmoud, el padre de la víctima, ha sido encontrado culpable del asesinato, lo mismo que su hermano, Ari. Un socio suyo había confesado con anterioridad, y denunciado a otros sospechosos que han conseguido huir a Iraq, el lugar de donde partió la pequeña Banaz cuando tenía diez años ansiosa de ser libre, y en la ingenua creencia de que cualquier cosa sería mejor que las torturas de Sadam.
Fuente: La Vanguardia
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La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.
13/06: "Todo empezó por un beso"
Un iraquí asilado en Londres ordenó el asesinato de su hija por un 'delito de honor'.Londres, la ciudad más cosmopolita del mundo, puede ser una sociedad tan cerrada como la de Bagdad o Lahore para una chica de una cultura con un sentido diferente de las libertades individuales, los derechos humanos y las relaciones hombre-mujer.
El futuro parecía sonreír a Banaz Mahmoud, una joven iraquí de origen kurdo, cuando toda su familia consiguió huir de la dictadura de Sadam Husein para instalarse en el sur de Londres tras obtener el asilo político. Pero el destino tiene trampas y recovecos inescrutables, y su fortuna se convirtió en tragedia cuando su propio padre ordenó matarla por un delito de honor.
Banaz llegó a Inglaterra con diez años, y al cumplir los veinte se había hecho a las costumbres occidentales y no quería saber nada de matrimonios apañados o novios obligados a contar con el beneplácito familiar. Máxime después de que su primer marido, impuesto por su padre cuando apenas era una adolescente, la pegó y violó antes de que la muchacha desafiara las normas establecidas y decidiera abandonarlo. Pero como comprueban diariamente miles de mujeres africanas y asiáticas que residen en el Reino Unido y son objeto de todo tipo de abusos físicos y mentales por parte de sus maridos y familias, vivir en un país libre no necesariamente significa ser libre. Banaz pagó el precio más caro posible por la rebeldía de salir con el chico que quería y besarlo en público.
Londres puede ser la ciudad más cosmopolita del mundo, pero barrios del sur del Támesis como Micham, donde vivía la familia Mahmoud, pueden resultar sociedades tan cerradas como las de Bagdad o Lahore, si la protagonista de la historia es una chica de otra cultura. La perdición de Banaz fue que el beso que dio a su novio - Rahmat Sulemani, un antiguo amigo de la familia nueve años mayor que ella- fue captado por espías de su padre con un móvil.
A Banaz la traicionó su propia familia, pero también la policía británica, a la que acudió cuatro veces expresando el temor por su vida y pidiendo protección sin que sus miedos fueran tomados en serio. Los agentes de Scotland Yard -objeto de una investigación interna por posible negligencia- pensaron que se trataba de una histérica, otra falsa alarma en el mundo complicado y a veces siniestro de las familias procedentes de Oriente Medio y el subcontinente asiático que se debaten entre la modernidad y la tradición, pulso que muchas veces acaba en tragedia.
Aquel beso inmortalizado por un móvil desencadenó una serie de acontecimientos macabros. La muchacha logró escapar la primera vez que su padre intentó matarla a golpes la noche de fin de año del 2005, después de obligarla a ir a casa de su abuela y beber una botella entera de brandy, en contra de sus creencias religiosas. En su huida rompió el cristal de una ventana y se presentó ensangrentada a un hospital, donde su novio Rahmat grabó su testimonio. Para la policía, sin embargo, no fue suficiente.
La suerte estaba echada. Veintidós días más tarde matones kurdos contratados por su tío intentaron sin éxito secuestrar a Rahmat pero dejaron un mensaje inequívoco en su casa: "Vamos a matarte a ti y a Banaz, porque somos kurdos y musulmanes, no como los estúpidos e inmorales ingleses que permiten que un chico y una chica sean novios". La víctima acudió a la comisaría de policía más cercana, donde la historia cayó una vez más en saco roto.
Los agentes de Scotland Yard finalmente ofrecieron a Banaz la posibilidad de instalarla en un vivienda lejos de su familia "mientras las cosas se calmaban", pero ella rechazó el ofrecimiento no se sabe muy bien por qué, con la excusa de que su madre la protegería. Pero incluso la persona que le había dado la vida conspiró en la hora de su muerte. La mañana del 24 de enero del 2006 la dejó sola en casa siguiendo instrucciones de su marido, preparando el terreno para que unos matones a sueldo la mataran y descuartizaran. Los pedazos descompuestos de su cuerpo aparecen meses más tarde en Birmingham.
Mahmad Mahmoud, el padre de la víctima, ha sido encontrado culpable del asesinato, lo mismo que su hermano, Ari. Un socio suyo había confesado con anterioridad, y denunciado a otros sospechosos que han conseguido huir a Iraq, el lugar de donde partió la pequeña Banaz cuando tenía diez años ansiosa de ser libre, y en la ingenua creencia de que cualquier cosa sería mejor que las torturas de Sadam.
Fuente: La Vanguardia