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26/07: La separación: causa de marginación

La sociedad contemporánea cambia, normalmente se dice que evoluciona, pero esta afirmación no puede encajarse en todas las realidades coexistentes en nuestra sociedad.
El Estado español se ha convertido en ejemplo a seguir por muchas de las democracias europeas al legalizar el matrimonio entre gays y lesbianas; ¡enhorabuena! Para mí, esto es un ejemplo de avance y respeto a la diversidad. Igualmente que la aprobación de la ley del divorcio.


Paradójicamente, la disolución conyugal –ya sea entre heterosexuales u homosexuales- conlleva a la marginación y a la exclusión social.
Para mí, esto es un ejemplo de atraso y primitivismo social.

Cuando una pareja heterosexual decide separarse, ¿por qué será que casi siempre tendemos a victimizar a la mujer? y, por supuesto, martirizar al hombre. No entraremos a categorizar las simplezas que se afirman y piensan sobre este tema.
Pero cierto es que vivimos en un mundo todavía patriarcal que incluso en temas tan personales como la continuidad o no de una relación se ve impregnada de estos lastres. Escasos son los casos en los que un hombre puede ver defendida su dignidad tras decidir separarse y dejar atrás una vida para emprender otra.
Ser fiel a los sentimientos está penado con el rechazo social y la soledad.

Innumerables investigaciones sociológicas demuestran que la separación y el posterior divorcio (en su caso) son fuente de marginación social y exclusión.
Estos estudios se basan, generalmente, en variables económicas y materiales. Un estudio estándar tiende a analizar la situación tópica: la mujer que se queda con criaturas a su cargo pierde el poder adquisitivo y ha de gestionar su salario conjunto con la pensión alimenticia… pero, ¿no es cierto que el nivel de vida lo pierden ambas partes implicadas? ¿Qué sucede en esos escasos casos que es al revés? ¿Cuándo el juego de reparticiones materiales beneficia solamente a uno de los dos cónyuges? ¿Cuándo se abandona una vida de construcción con lo puesto? ¿Cuándo se tiende a mal interpretar el pago del dolor emocional con lo material? ¿Qué sucede con aquella persona que sin eludir sus responsabilidades paternales es víctima de la presión social, familiar, laboral y fraternal? ¿Dónde queda en estos casos el individualismo metodológico?

Es cierto que vivimos en una sociedad caracterizada por la desigualdad, pero no perdamos de vista que la desigualdad es transversal y no maniquea: no siempre son las mismas víctimas.
En muchos casos, hay padres que se sienten desprotegidos ante la desinformación respecto a la evolución de sus hijo/as, la manipulación y el distanciamiento impuesto por los adultos. No con ello, gran parte del espectro social apoya este tipo de actuaciones. En muchos casos, hay padres que no tienen a nadie, piensan incluso que ni a sus propios hijos. Hay casos que existen personas que la sociedad los ha sentenciado como verdugos por separarse y empezar una nueva vida. En muchos casos, hay personas que se ahogan ante la presión, el vacío y la soledad. Hay personas que de tenerlo todo… pasan a no tener nada ni a nadie. Y, todo ello, por un ideal.

¿Todavía nos atrevemos a autodenominarnos progresistas y tolerantes? No somos más que ejemplos andantes de la doble moral y la falsa hipocresía. ¿Dónde queda la libertad? En casa del vecino…
Y para mí, esto es un ejemplo retrógrado de nuestra sociedad, un ejemplo de primitivismo, intolerancia y de nuevo se demuestra que, en su tiempo, los valientes fueron mal vistos. Póstumamente pero, resulta que fueron héroes y patrón ejemplar…

Quien me conoce sabe bien el porqué de esta divagación. Quien me conoce más, sabe que siempre me tendrá a su lado.

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Por haberlo vivido en propia carne no puedo más que dar la razón a Verónica. Añadir también que la sociedad es un reflejo agregado de sus miembros y son éstos, la inmensa mayoría para ser más justo, los que no están preparados para la disolución del matrimonio clásico de toda la vida.

O bién se presume de progresista sin serlo en realidad o bién símplemente uno se posiciona en contra de la parte decisora. Porque hablamos de eso, quién decide "pringa", quién decide es culpable, quién decide, en definitiva, paga, y nunca mejor dicho.

Una pena que permitamos como sociedad libre el MATRIMONIO entre homo o heterosexuales con tanta alegria (y estoy totalmente a favor de la libertad de elegir esa o cualquier otra fórmula, ojo) y descuidemos la posterior disolución del mismo, que no deja de ser, a su vez, parte de esa misma libertad de elección por la que abogamos defendiendo a los primeros.
27/07 12:36:05

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